Aunque en tierra contamos con potentes telescopios que suelen situarse en zonas elevadas y ambientes secos (como ocurre en España en Islas Canarias), la atmósfera terrestre produce aberraciones en ciertas longitudes de onda, como en el espectro infrarrojo, que limitan la calidad de las imágenes que recibimos.

 

Por eso, durante décadas, el sueño de los astrónomos fue disponer de un telescopio en el espacio, que permitiese capturar imágenes nítidas de galaxias lejanas con la máxima calidad posible. Este sueño se hizo realidad el 24 de abril de 1990, cuando el transbordador espacial Discovery de la NASA se encargó de poner en una órbita a 593 Kms sobre el nivel del mar al telescopio espacial Hubble.

 

Con un coste de misión de 2.800 millones de dólares, todo debía de salir a la perfección, pero cuando empezaron a llegar las primeras imágenes, estaba claro que había un problema. Las fotografías eran claramente borrosas. El Hubble sufría de miopía, y la NASA, que se financia mediante el sistema de contribución pública estadounidense tenía que rendir cuentas.

 

Tras una concienzuda investigación, se llegó a la conclusión de que el espejo principal del Hubble había sufrido un defecto en su pulido. Una terrible negligencia ocurrida en la parte más esencial para que el telescopio lograra su fin: lograr las imágenes más espectaculares del universo.

 

Por suerte, y dado que el Hubble estaba pensado para durar varias décadas, se había construido de tal manera que pudiese repararse (aunque el espejo principal no entraba en los planes).

Dado que cancelar la misión hubiese significado tirar 2.800 millones a la basura y tener que empezar de nuevo, se decidió exprimir un poco más al contribuyente y construir una lente que corrigiese las aberraciones que el espejo producía en las imágenes. Hablando en plata: construir unas gafas para el Hubble.

Comparación del antes y después de “la operación de miopía”

Así, en diciembre de 1993, la tripulación del transbordador Endeavour fue la encargada de llevar a cabo la “operación de miopía”, instalando la nueva lente correctora en el Hubble. El personal de la NASA se lo jugaba todo a una carta en un proyecto que ya había costado más de 3.200 millones a las arcas del Estado.

 

Por suerte, esta vez, todo salió a la perfección. En 1994 el Hubble empezó a mandar fotografías impresionantes y de incalculable valor científico, que nos ayudaron entre otras cosas, a comprender mejor el origen del Universo.

 

En el espacio, como en la vida, ante los problemas es mejor ser perseverante.

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