El principal obstáculo que tenemos los humanos para ir al espacio es conseguir la aceleración suficiente para escapar a la gravedad de la Tierra. Isaac Newton explicó que los cuerpos se atraen con una fuerza proporcional a su masa. Por eso, nuestro planeta que tiene una masa enorme, atrae a nuestros cuerpos y a todo lo que nos rodea hacia él.

Esto supone un problema para la ciencia aeroespacial. Si para casi cualquier persona saltar un metro de altura supone un enorme esfuerzo, enviar un enorme y pesado cohete al espacio requiere un esfuerzo titánico. ¿La solución? Conseguir una fuerza de empuje lo suficientemente grande como para superar la fuerza de la gravedad terrestre.

Actualmente, la única forma que tenemos de conseguir esa aceleración es mediante el uso de propelentes, elementos químicos que al reaccionar entre sí, combustionan expulsando gases y generan una gran fuerza de empuje. Al expulsarse por la parte inferior del cohete, este sube logrando escapar de la gravedad terrestre.

Se necesita tal cantidad de fuerza, que aproximadamente el 90% del peso y volumen de un cohete es propelente; lo cual irónicamente aumenta la masa del cohete, haciéndole más difícil escapar de la gravedad terrestre.

Para solucionar parcialmente este problema se inventaron los cohetes multietapa. Estos permiten que a medida que el propelente se vaya vaciando en distintas etapas del cohete, estas sean liberadas. Así conseguimos que el cohete se vaya haciendo mucho más ligero a medida que sube, aumentando la eficiencia y eliminando lastre.

Si el cohete va tripulado, existe un problema adicional. Los astronautas tienen que que soportar la inmensa fuerza de empuje necesaria para elevar el cohete. Esto les lleva a tener que soportar una fuerza de aceleración de 3’5 G, lo que viene a ser que su cuerpo, de repente, pesa tres veces y media más que en la Tierra. Aunque los astronautas se entrenan para soportar hasta 8G, muchos lo han descrito como “tener la sensación de que se te sienta encima un elefante”.

En la fase rocket de Hamsternauta, aprenderemos a construir un cohete de dos etapas, cuyo propelente será aire comprimido y agua alojados en la primera etapa. En la segunda etapa, irá nuestro “hamster simulado”: una pequeña placa con sensores del peso de un roedor, en el que deberemos de medir datos como la fuerza de aceleración y la altitud alcanzada por nuestro cohete, antes de volver sano y salvo a Tierra.

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