El proyecto Hamsternauta nace con el objetivo de interesar a los niños y niñas por la exploración de la última frontera de la humanidad: el espacio.

 

Las películas de ciencia-ficción suelen darnos una visión del espacio bastante simplista, en el cual las naves se manejan igual que los aviones en nuestra atmósfera, podemos llegar a cualquier planeta en poco tiempo viajando a la velocidad de la luz o las comunicaciones entre mundos son instantáneas.

Las leyes de la física impiden todas estas cosas. Una nave en el espacio no dispone de la sustentación ni el rozamiento que nos da la atmósfera. De la velocidad luz ni hablemos. Hoy por hoy es imposible ni tan siquiera acercarse a ella, pero hay algo que si viaja a su velocidad: las ondas de radio mediante las cuales nos comunicamos con las naves, sondas y rovers espaciales. 

Pero por elevada que pueda parecernos la velocidad de la luz, tenemos que tener en cuenta las enormes distancias que existen en el espacio. La luz del sol (que viaja a la misma velocidad que las ondas de radio) tarda 8,3 minutos en llegar a la Tierra. Esto significa que si el sol se apagase ahora mismo, tardaríamos más de 8 minutos en enterarnos.

 

Cuando nos comunicamos con la Luna, que está relativamente muy cerca (3 días de viaje en las misiones Apollo), el retraso es de 1,8 segundos. Esto es lo que tardó en llegarnos la frase de Neil Armstrong “un gran paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”. 1,8 segundos de retardo permite una comunicación fluida entre la Tierra y la Luna.

 

Marte, donde actualmente tenemos varios rovers exploradores como Opportunity o Curiosity, está mucho más lejos. Aunque todavía no hemos enviado a ningún humano al planeta rojo, se estima que el viaje llevará como mínimo 3 meses, y el retraso entre las comunicaciones (recordemos que las ondas de radio van a la velocidad de la luz, como el Halcón Milenario) será de 4,35 minutos. Este retraso implica que una comunicación ida-vuelta (enviar una orden y recibir confirmación en caso de un rover) es de algo más de 9 minutos.

 

En la fase Rover de Hana 1, los niños no solo aprenderán a construir y programar un pequeño rover espacial, que se mueva, saque fotos y tome los datos que se les pidan. Tendrán que hacerlo simulando un retardo en comunicaciones similar al que se enfrentan los científicos de la NASA cuando contactan con Curiosity. Una pequeña lección de paciencia imprescindible para los jóvenes que conquistarán la última frontera.

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