Todos los que hemos estudiado primaria antes de 2005 recordamos esta lista: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón.

 

Así había sido desde que en 1930, en que el joven astrónomo Clyde William Tombaugh, lo descubrió tras analizar una zona del cielo en la que su observatorio esperaba encontrar un planeta.

 

¿Y por qué esperaban encontrarlo? Pues porque desde décadas atrás, el fundador del observatorio en el que trabajaba Tombaugh, Percival Lovell, había detectado anomalías en la órbita de Urano, que no podían achacarse solo a la influencia de Neptuno. Los cálculos, le llevaban a concluir, que tenía que haber algo más, algo a lo que llamaron “Planeta X”.

 

El caso es que en un principio se estimó que Plutón tenía un tamaño equivalente al de la Tierra, aunque con el paso de las décadas, se descubrió que en realidad Plutón tiene un radio de aproximadamente la mitad que nuestra Luna, por lo que no puede ser el “Planeta X” de Lovell, que todavía se busca.

 

A partir de 1992, y gracias al trabajo de astrónomos como David C Jewitt y la mejora tecnológica en observación que aportaron telescopios como el Hubble, empezaron a descubrirse varios cuerpos celestes en el vecindario de Plutón, a los que se llamó Objetos Transneptunianos (objetos que están más allá de Neptuno).

 

Muchos astrónomos empezaron entonces a dudar de si realmente un objeto como Plutón debería de ser considerado un planeta, comenzando un debate que duró hasta 2005. Ese año se descubrió Eris, un objeto que aunque ligerísimamente más pequeño que Plutón, resultó ser más masivo que éste. Estaba claro que los abundates objetos transneptunianos como Eris o Plutón, necesitaban una categoría propia… o pronto tendríamos un Sistema Solar con decenas de planetas a los que se irían incorporando nuevos cada año.

Clyde Tombaugh, descubridor de Plutón.

Así, en 2006, la Unión Astronómica Internacional, decidió cambiar la definición de planeta, estableciendo tres condiciones:

1-Que orbite alrededor del Sol.

2-Que sea lo suficientemente masivo para que su forma sea redondeada.

3-Que haya limpiado la vecindad de su órbita.

 

Los objetos transneptunianos no cumplen la tercera condición, y algunos tampoco la segunda, por lo que pasaron a considerarse “Planetas Enanos” o “Plutoides”, en honor al ex-planeta más célebre de nuestro Sistema Solar.

 

Y a ti ¿Te sigue costando no decir nada después de “Neptuno”?

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