En julio de 1969 se llevó a cabo la misión espacial más famosa de la historia de la humanidad, aquella en la que Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, hicieron llegar al hombre a la Luna.

 

Aunque el programa Apollo, ya había enviado misiones alrededor de la Luna, esta era la primera en la que el módulo lunar debía de descender a la superficie de nuestro satélite. Esto, añadía un considerable riesgo adicional, ya que no solo debían de llevar a cabo el primer alunizaje con éxito (de hecho Armstrong lo logró con el combustible a punto de agotarse), sino que además, al finalizar la misión, la parte superior del módulo lunar con Armstrong y Aldrin, debía de eyectarse de nuevo hacia la órbita lunar, con el fin de acoplarse con el módulo de mando en el que Collins les esperaba para volver a casa.

 

Era tal la desconfianza a que todo saliese bien, que el presidente Johnson, tenía preparado un discurso por si los astronautas morían en la Luna al no poder volver. Se estimaba una probabilidad de éxito del 50%.

Pues bien, al finalizar el último paseo espacial, Armstrong y Aldrin regresaron al módulo lunar y comprobaron que uno de los interruptores del panel se había desprendido. Y no era un interruptor cualquiera ¡era el que activaba el motor de eyección para salir de la superficie de la Luna! Tras contactar con los ingenieros de Houston, en espera de que les diesen una solución, decidieron dormir un poco para descansar.

Pero cuando despertaron, recibieron la noticia de que los ingenieros no tenían ni idea de qué hacer para solucionar el problema. Tras unos momentos de horror, Aldrin recordó que llevaba en su bolsillo un rotulador de plástico (introducir un objeto metálico podía producir un cortocircuito). Decidió probar suerte. El rotulador tenía el diámetro exacto para introducirse en el agujero y para alivio de todos, el motor se encendió inmediatamente. Se habían salvado por los pelos de convertirse no solo en los primeros hombres en pisar la Luna, sino de ser también los primeros en morir en ella.

Buzz Aldrin conserva todavía el rotulador que salvó su vida y la de su compañero Neil, como un amuleto. De hecho, en el Museo Smithsoniano del Aire y el Espacio de Washington DC, se exhibe rotulador igual al que utilizó Aldrin: un homenaje a la improvisación, esa fuente de soluciones a la que a veces tenemos que recurrir para tener éxito.

Hamsternauta es un proyecto abierto a centros educativos y niñ@s particulares que deseen participar con sus padres ¿Todavía no estás inscrito? Hazlo aquí.